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Cirugía estética, ¿Una cuestión de género?

Publicado por AECEP | 15 de junio de 2017 |

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aumenta una talla de pecho, reduce dos de cadera, desde 95 euros al mes, todo incluido”. Si no fuera porque se citan explícitamente partes de la anatomía humana en el titular de este anuncio de Internet, bien podría parecer que nos halláramos ante el reclamo de un complejo hotelero de esos en los que se puede beber y comer lo que se desee por un precio cerrado.

A estas alturas, no me sorprende — si me preocupa — la confusión interesada entre salud y negocio, entre la cirugía estética como rama de la Medicina y como producto de consumo, sujeto a los precios de mercado, con sus rebajas y sus saldos. Pero sí me llama la atención que en la portada de dicha página se destine esa oferta sólo al público femenino.

¿Es la cirugía estética una cuestión de género? No lo creo, en absoluto, en tanto en cuanto está destinada a mejorar la vida de las personas. No sólo elimina complejos, sino que repara partes y rasgos dañados por accidentes o por herencia genética.

Creo, por lo tanto, que esa ausencia de hombres en las publicaciones relacionadas con la estética en general se debe a factores socioculturales.

Uno, de peso, es la exigencia de belleza que ha rodeado tradicionalmente a la mujer, que excluía al hombre y que, ahora, con la tiranía de la imagen ha igualado a todos. Ocurre que este proceso es incipiente y continúan siendo ellas quienes se ven más presionadas a estar radiantes en todo momento.

Otro , por supuesto, es la predominancia de la sociedad tradicional, en su vertiente machista, que consideraba aquello de que “el hombre como el oso, cuanto más feo, más hermoso”. No hace tanto que hubiera sido impensable que un varón se depilase las piernas, se hiciese las cejas o que, ni mucho menos, pasase por el quirófano para quitarse la barriga cervecera que se enseñaba como un trofeo.

Seamos sinceros y realistas: se operan más mujeres que hombres. Ninguna duda. Las cifras lo revelan. Pero dejo una pregunta en el aire: ¿Qué ocurriría si la tendencia de cuidado de la imagen masculina no sólo se consolida sino que se explota comercialmente tanto como en el caso de la mujer?

En diez años máximo, ninguno calvo.

 

Moisés Martín Anaya es director de Clínica del Dr Moisés Martín Anaya

Imágenes : google